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Condicionan ayuda a damnificados por sismo

Pura mercadotecnia política.


El Gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, llegó a Juchitán y repartió despensas, tiendas de campañas y colchones junto a la secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedatu), Rosario Robles.

Ambos fueron muy claros, durante la entrega de ayuda a damnificados: “la reconstrucción no va a ser de la noche a la mañana”, dijeron, y él pidió calma a los 800 mil damnificados de los 41 municipios oaxaqueños. Primero es la búsqueda y recuperación de víctimas bajo los escombros, “una tarea casi acabada”, y después la reconstrucción de las casas, recordaron.

Hubo aplausos, pero también crispación: “Ojalá que lo cumplan, que vayan a ver a la séptima sección, en calle Constitución y en muchos callejones, y vean cómo están las casas”, le espetó con rabia una mujer al Gobernador.

La desconfianza y el hartazgo son a veces injustos. Pues la realidad es que los recursos están empezando a fluir y, efectivamente, subsanar semejante tragedia no será nada fácil. Del Palacio Municipal de Juchitán, parcialmente derruido, ya se quitaron todas las ruinas.

A unos meses de que se celebren los comicios presidenciales de 2018, cabe preguntarse si el viaje de Peña Nieto es dedicación y entrega u obligación institucional -y una foto que acerque su partido, el PRI, al electorado indígena. Seguramente, el sentimiento era sincero. Como mercadotecnia política, también altamente redituable.

En este escenario de claroscuros gubernamentales, la ciudadanía se ha volcado con sus compatriotas, en un acto de solidaridad. En Juchitán, varias brigadas de voluntarios repartían ayuda humanitaria y daban atención médica y psicológica, ante el agradecimiento general.

En tanto, sobre una torre del Palacio Municipal de Ixtaltepec, partida por la mitad, se lee un amargo “Viva México”. Símbolo involuntario de esta derrota del Estado a ojos de la ciudadanía.

 

Por: Luz del Alba Belasko.