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Terremotos golpean más a quienes menos tienen

Ayuda tras el sismo es temporal, pero ¿y después?


 

Esta mañana, la cifra de muertos tras el sismo de la noche del jueves aumentó a más de 90 personas. Hoy muchas familias permanecen en albergues, sin sus pertenencias, sin casa, y, en el peor de los casos, lamentando la muerte de un ser querido.

Tener paciencia es difícil en Juchitán. En uno de los barrios humildes de este poblado, un grupo de niños saluda frenéticamente cuando ve llegar a un camión del Ejército con víveres, mientras sus padres corren en hordas persiguiéndolo.

“Hay mucha gente que lo necesita y no están dando la ayuda, ¡que nos den parejo!”, grita furiosa Adolfina Maciel, una ama de casa de 40 años que salió corriendo hacia los soldados, pero no alcanzó las bolsas de agua que repartieron.

Yazmín Gutiérrez, quien vive en un albergue donde se distribuyeron las bolsas de agua, comprende que los gritos de Maciel son “de tristeza, porque no tienen para darle a su familia”.

En el refugio viven más de 30 familias con decenas de niños. Algunos sufren fiebre, vómito o dolor de cabeza, pero no hay medicinas: “Yo creo que aquí nos está rebasando la desesperación”, comenta Tania López, quien vive en el campamento desde la noche del terremoto.

“La ayuda que traen no es suficiente, pero aunque lo fuera, solo es momentánea. ¿Y luego, qué? Nos vamos a quedar solos”, afirma.

En Juchitán ya no hay escuelas, ni hospitales, ni iglesias. Junto con el mercado principal, se derrumbaron numerosos hoteles, bancos, comercios, oficinas, restaurantes. ¿Cuántos empleos desaparecidos?

Tampoco hay dónde quejarse, porque el palacio municipal se redujo a escombros.

 

 

Por: Luz del Alba Belasko.

Con información de: AFP.