Fridomania_TExto_002_IMg

La Fridomanía llegó para quedarse

El arte de Frida Kahlo se difumina cada vez más frente al culto de su imagen mercantilizada.


La fridomanía no surgió sólo a causa de la película protagonizada por Ofelia Medina, sino a razones más complejas. En la década de los años ochenta, el mercado de arte, con epicentro en Nueva York, elevó las cotizaciones de las obras a precios siderales.

Surgió además una novedad: el vertiginoso coleccionismo japonés y en la puja de Sotheby’s, la casa subastadora, que llegó hasta la suma de 1,665,750 dólares, la cifra más alta de la noche, superando a Tamayo, Remedios Varo, Fernando Botero y Wifredo Lam.

Así comenzó la fridomanía. El capitalismo de consumo ha tomado a la “figura” de Frida Kahlo y no la obra pictórica como un ícono esquematizado y hasta degradado de Kahlo, no como artista, sino como un símbolo de la industria cultural y el consumismo.

La vida de la Kahlo -tan poco usual en una mujer de su época- creó su mito y su enorme cotización, pero si ella viera ahora sus retratos en cursis cajitas artesanales y en camisetas tipo Versace, Óscar de la Renta o Tepito, gritaría de bronca con una de esas furias propias de ella, sin escatimar insultos.

Actualmente, muchos jóvenes se acercan a la Frida Kahlo de las frases sacadas de contexto, de los productos fabricados para satisfacer sus necesidades consumistas y no a la Frida Kahlo como pintora, la cual plasmaba sus sentimientos y tragedias mediante el arte.

Con Frida Kahlo, como icono de la contracultura global, parece ocurrir un caso similar al de Ernesto Che Guevara, cuyo retrato aparece estampado en los más diversos e innecesarios productos. El capitalismo y el consumismo lo hicieron de nuevo.

 

Por: Luz del Alba Belasko.