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Viajamos al libre albedrío

 

Pero en el fondo quizás nos mueven como un flujo de esclavos 2.0


 

En las vacaciones sucede algo contradictorio. Uno viaja o hace turismo para olvidarse, para conocer nuevos sitios, ciudades, experiencias, pero en el fondo, inconscientemente, lleva consigo su propia vida y la trata de reproducir.

“Cuando llega al hotel, trata de reproducir mínimamente su ecosistema, duerme del mismo lado de la cama, con el despertador en el mismo sitio… su rutina diaria la lleva consigo. Y sin embargo espera que esa ciudad, ese viaje, le aporten algo nuevo o balsámico. Y, claro, algo tendrá que poner de su parte el turista o el viajero para que eso suceda”, señala el escritor Harkaitz Cano (Lasarte, 1974), al hilo de los relatos de su último libro, El turista perpetuo, que acaba de publicar la editorial Seix Barral.

“Además, luego sucede también que en vacaciones todo tiene que salir bien, estamos obligados a disfrutar, a sacar el máximo partido al tiempo y cualquier mínimo detalle que haga desencarrilar ese día, esa tarde, esa promesa de felicidad que nos hemos hecho a nosotros mismos, esa profecía que esperamos se cumpla, defrauda el doble si no se ve saciada”, añade el escritor vasco.

“En alguno de los relatos del libro se comenta que los viajes low cost son una especie de continuación lógica de los barcos negreros. Antes se metía a los esclavos en barcos, se traficaba con ellos, y ahora hacemos lo mismo pero de una forma mucho más “friendly”.

Viajamos en el libre albedrío pero en el fondo quizás nos mueven como un flujo de esclavos 2.0. ¿Por qué viajamos siempre a algunos destinos y no a otros? ¿Por qué en algunos periodos en concreto? ¿Y por qué lo hacemos de forma masiva? Eso, me inquieta un poco”, reconoce el escritor Harkaitz Cano.

“Se han achicado las distancias. Ahora parece que todo está cerca.  Hace 25 años cuando alguien se iba a Kenia y volvía se iba a contarlo a la plaza del pueblo y luego iba dando conferencias por las Casas de Cultura. Y hoy en día parece que para sorprender a alguien con una historia o un viaje tienes que ir a la primera línea de guerra o a sitios de muy difícil acceso que ya son muy complicados de encontrar”, explica el autor de El turista perpetuo.

Harkaitz Cano vive desde hace años en Donostia, una de las joyas turísticas vascas y destino obligado para quienes visitan Euskal Herria. “Es curioso cómo nos molestan los turistas cuando vienen a nuestras propias ciudades y nos parece que las saturan, las llenan, o nos arrebatan la tranquilidad”.

 

 

Por: Luz del Alba Belasko.