orgullo

Orgullo que ha costado

Una oportunidad de reflexión.


 

Este 28 de junio se celebra el Día del Orgullo Gay, una conmemoración que tuvo origen ese mismo día pero de 1969 luego de una redada en el bar Stonewall, establecimiento en el que se reunían personas homosexuales.

Este fue el grito de “ya basta” con el que una comunidad constantemente perseguida, discriminada y violentada buscaría el reconocimiento de sus derechos; una lucha que le ha llevado décadas y en la que se ha enfrentado a un sinfín de obstáculos, entre ellos el debate desarrollado en el ámbito religioso.

Recientemente, el sacerdote Custodi Ballester, de Hospitalet de Llobregat (Barcelona), utilizó su sermón para hablar de la Marcha del Orgullo celebrada en Madrid este fin de semana:

“Ahí están los homosexuales en Madrid durante toda una semana mostrando sus vergüenzas públicamente. Los que gobiernan han puesto unas leyes según las cuales los que dicen lo contrario son acribillados a multas, y hasta te pueden meter en la cárcel por delito de odio a los homosexuales”.

“Al final vosotros acabaréis pensando que eso de ser gay es guay, y resulta que no. […] Un día vendrán los Mossos d’Esquadra (policías) y nos esposarán a todos los curas que decimos la verdad”.

La alcaldesa de L’Hospitalet ha asegurado a través de su cuenta de Twitter que “este discurso es intolerable” y que actitudes como la de este cura “fomentan comportamientos de odio”.

Por otra parte, los religiosos defendieron su “libertad de expresión” y denunciaron una “cacería de  brujas contra los sacerdotes”.

Tratar de temas religiosos es difícil. Puedes terminar en un debate sin fin. Sin embargo, precisamente recuerdo una brillante respuesta, que se alejó de la controversia y que en verdad hizo reflexionar a muchos.

El pasado 6 de marzo de 2017, el Ministro de Cultura del Perú, Salvador del Solar, participó en una ceremonia religiosa por los 90 años de fundación de la Fiesta del Señor de la Amargura, en Paucarpata en Arequipa.

Fue en ahí cuando el Arzobispo de aquel distrito aprovechó para solicitarle “una sencilla tarea”: prohibir en todos los colegios del país la introducción de la ideología de género.

Siendo un funcionario público, Del Solar no rehuyó a la pregunta, como suele pasar cuando se trata de algún tema religioso, ni siquiera le dio “el avión”.

Su respuesta fue, además de sensata, inteligente, pues la abordó desde la perspectiva religiosa.

En ella argumenta lo siguiente:

“La emoción que me produce ser parte de esta misa de hoy, de esta ceremonia de condecoración, me obliga a reflexionar sobre qué representa el Señor de la Amargura.

El señor de la amargura ‘es un cristo que carga una cruz’ y me pregunto ¿quién le puso esa cruz? Se la pusimos nosotros. ¿Cómo le pusimos la cruz? Juzgándolo y llevándolo al calvario.

[…] Me pregunto entonces y les pido con toda humildad y respeto que nos preguntemos ¿a qué persona le ponemos la cruz, hoy por hoy en nuestra sociedad? ¿A quién juzgamos como malos, como equivocados?

 […] Tengo la impresión de que como sociedad estamos poniéndoles la cruz a personas que consideramos que no entran en los moldes en nuestra manera de ver las cosas […] Vale la pena que reflexionemos y pensemos si quizá no somos injustos en juzgar como equivocados a personas tan peruanos, tan católicas como nosotros, que a los que hoy les ponemos esa cruz”.

 


Por: Vladimir Ríos.