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Las secuelas de la guerra

En el combate al narco, los periodistas viven en un fuego cruzado.


Además de los 90 periodistas asesinados y 21 desaparecidos -desde que en 2006 se militarizó la lucha antidrogas- un creciente y “devastador” universo de reporteros, fotógrafos y videastas padecen Trastorno de Estrés Postraumático (TEP) y la gran mayoría carece de ayuda terapéutica, advierten expertos.

El 13 de mayo, cuando regresaba del poblado de San Miguel Totolapan, donde cubría un operativo policial y bloqueos de vías con automóviles incendiados, Sergio Ocampo, colaborador de AFP en el sureño estado de Guerrero y otros cinco periodistas fueron interceptados en la llamada Tierra Caliente por un centenar de presuntos integrantes del cártel La Familia.

“¡Los vamos a quemar vivos!”, los amenazó uno de los pistoleros antes de robarles todos sus equipos en una desértica carretera. Los liberaron unos 15 minutos después, recordó Ocampo. Por el trauma del ataque, el comunicador sufrió parálisis facial.

“Si así nos iban a matar en medio de dos retenes de militares, de qué me van a servir medidas cautelares”, reclama Ocampo, con el lado derecho del rostro inmovilizado.

Dos días más tarde, pistoleros asesinaron en Sinaloa, bastión del cártel fundado por el capo Joaquín “El Chapo” Guzmán, al periodista Javier Valdez, también colaborador de la AFP.

El TEP por violencia en los periodistas de México se produce por narrar “hechos asociados a la desaparición forzada de personas, a las ejecuciones extrajudiciales o a las escenas de crimen” o por ser víctimas de agresiones perpetradas por la delincuencia organizada, explica Alejandra González, psicóloga de la organización Artículo 19.

Rogelio Flores, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ha realizado varios estudios sobre TEP. El último, el año pasado, incluyó a 246 periodistas que cubren temas violentos: 41% presentó síntomas de estrés postraumático, 77% de ansiedad y 42% de depresión, comentó Flores a la AFP.

Alejandro Ortiz, corresponsal en Chilpancingo de W Radio, es un musculoso moreno de 26 años que narra con sonrisa nerviosa las cuatro veces que ha sufrido agresiones del crimen organizado: ha sido retenido durante horas, amarrado, golpeado y hasta encañonado, pero dice que no dejará de cubrir temas violentos.

“Sabemos que ser periodista en México es una profesión de alto riesgo, serlo en Guerrero aumenta un poquito esta situación”, comenta a la AFP mientras cubre un paro de policías en su cuartel central. Ha padecido desde ansiedad hasta pesadillas recurrentes.

Antes de llegar a Chilpancingo, la capital de Guerrero con unos 187,000 habitantes, en la carretera se observan decenas de camiones militares. Un intenso calor húmedo y el caos vehicular parecen acentuar el nerviosismo.

De los periodistas de la zona, 30 % padece estrés postraumático, comenta a AFP Eric Chavelas, líder de una asociación que los agrupa: “Hemos lanzado el SOS hace años. De repente no sabemos a dónde acudir” para tener ayuda psicológica, dice con gesto cansado.

 

 

Por: Jennifer González Covarrubias.

Con información de: AFP.