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Dirigentes políticos son cómplices de la corrupción moral

La corrupción no tiene como origen solo el que dirigentes se roben dinero.


 

Higinio Martínez Miranda fue acusado públicamente de enriquecimiento “explicable”. Se dijo que el monto de sus abundantes bienes provenía de su labor como alcalde de Texcoco, asociado con los descuentos aplicados por Delfina a los trabajadores.

Ahora ocupa ese cargo por segunda ocasión. Se le acusó de corrupción y de un manejo irregular de los recursos del Ayuntamiento local y de los recursos económicos que administra como líder de una corriente política.

Las acusaciones se dieron en el contexto de la campaña, que poco a poco se va desempatando, con las encuestas a favor de Delfina, la candidata del Morena a la gubernatura del Estado de México.

Poco efecto tuvo la acusación contra el alcalde morenista, porque la situación en la entidad mexiquense va mal para el tricolor, que hasta en esto ha perdido punch.

Las denuncias, que en el pasado ocasionaban una especie de desconfianza, ahora son leídas por la población con otros códigos. Pero detrás de las acusaciones existen algunos aspectos que bien vale la pena valorar.

Higinio tiene casas, ranchos, autos, terrenos, negocios, que suman millones, muchos millones de pesos. Es difícil probar que en su conjunto tengan como origen la corrupción aunque, de que existe corrupción, existe, como se ha denunciado con respecto a los famosos descuentos a trabajadores del ayuntamiento que, supuestamente, de manera “voluntaria”, les fue aplicando, para ir a parar al grupo político que lidera.

Una buena parte de ese dinero es producto de una actividad a la que dio pie la reforma política hace algunas décadas: incorporar a la oposición partidista al sistema político mexicano y corromperla con dinero.

La corrupción no tiene como origen solo el que los dirigentes se roben el dinero. Consiste también en permitir que los actores políticos participan de un sistema que legitima la corrupción moral, a través de hacerles llegar enormes fortunas durante su carrera política.

Un líder partidista, al participar del sistema político mexicano, tiene acceso a un sistema regulado en el que el dinero, por millones, puede recibirlo sin que eso signifique corrupción para el sistema político.

A través de las reglas del sistema político-electoral se legitima la corrupción moral, pues están establecidas las reglas a modo para que el dinero que se distribuya “legalmente” entre los que ocupan puestos de elección popular y el que se entrega a los partidos como prerrogativas.

La entrega de millones y millones del erario público se hizo con el pretexto de evitar que intereses ajenos influyeran en las decisiones de partidos, instituciones y los líderes.

Con ello se ocultó el papel que tiene el dinero en la vida cotidiana, más allá de servir de equivalente de lo que se compra: simboliza poder, seguridad, superioridad, certeza, estabilidad, etcétera. Digo, no está mal, pero no es parejo y justo desde el punto de vista social.

Higinio Martínez Miranda, médico de profesión y sin especialidad, simboliza perfectamente a la nueva casta aristocrática partidista de supuesto origen popular que, teniendo como origen a las capas populares de la población, ha logrado amasar una fortuna personal sin trabajar.

 

 

Por: Rafael Alfaro Izarraraz.