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¿Qué es el “mainstreaming” de género?

El concepto en pro de la justicia y la equidad que debiera primar es la coexistencia.


Por: Iván Pável Vera Román

A mediados de los años noventa comienzan a organizarse grupos de mujeres en distintos puntos del orbe, con la intención de continuar la histórica lucha para reivindicar la concepción socio-cultural de la mujer, intentado propiciar cambios sustanciales en la forma en la que se vive la ciencia, el arte, la política, la socialización, el trabajo y la vida misma. Una búsqueda incesante que en su evolución pareciera un murmullo a veces y otras, como ahora, un grito unísono que pretende frenar la creciente ola de violencia, el retroceso en la visión sistémica de partidos e ideologías, la forma en la que se asumen estereotipos socio-conductuales en medio de relaciones de poder poco equilibradas.

El concepto en pro de la justicia y la equidad que debiera primar en un orden progresista y posmoderno, es la coexistencia. No podría llamarse feminismo porque no se busca la suplantación ni la implantación de nuevas estructuras de convivencia, por el contrario, sigue anhelándose aquello que comenzó con el sufragio universal y que le otorgó una personalidad jurídica propia a la mujer, que le dio voto, pero poca voz. Se trata pues, de seguir promoviendo la homeostasis en donde ningún género esté por encima de otro y que tal equilibrio se de en un marco normado, eficiente y sensible ante una realidad que hasta ahora, sigue vulnerando a las nuevas generaciones en medio de un modelo androcentrista. Sí, un modelo que sigue considerando al varón como la medida de la producción y de la acción colectiva. El hombre como rasero y como verdad inamovible que se perpetúa desde el lenguaje hasta el conocimiento, desde la institución de la familia, hasta el Estado y sus políticas.

Este modelo, muchas veces es perpetuado inconscientemente por la propia mujer tras defenderlo en el ciclo de las relaciones elementales y cierra el proceso transmitiéndolo a sus descendientes. En tal sentido, autoras como Radford, Warren, Lagarde o Russell, llegan a coincidir que pueden generarse encuentros que pongan fin al modelo si se generan plataformas de acción que se materialicen en la ley.

Es así como surge el término “Mainstreaming” que en su acepción castellanizada podría asemejarse al concepto de “Transversalidad” y consiste precisamente en promocionar políticas públicas no sólo visibles, de fácil acceso y democráticas, sino que además, garanticen una relación paritaria surgiendo verdaderamente a partir de la necesidad del género que hoy, por lo menos en México, ha visto pisoteados gran parte de sus derechos en proporción a los del hombre.

El mainstreaming de género rebasa la organización tradicional y propone una reorganización, es decir, una mejora incremental que parte desde la evaluación de los procesos y recursos político-legales, con un claro enfoque centrado en la igualdad. De esta manera existen mayores posibilidades de que las decisiones de agenda, desciendan a todas y cada una de las bases sociales y su intención no se desvirtúe en alguna de sus etapas.

Así pues, se intenta que el mainstreaming de género, se origine a partir del debate constructivo y se aloje en la fase decisional y operativa de planes, programas y políticas de cualquier orden de gobierno, con la intención de que éstas, tengan plena certeza de los impactos que podrían causar tanto en mujeres como en varones. Tal perspectiva además de incrementalista, otorga un andamiaje estratégico, un discurso incluyente y equitativo, amén de un soporte racional en el que se está en posibilidad de dilucidar sobre acuerdos y discrepancias entre unos y otros. De esta manera comienza a romperse la visión unilateral y pueden construirse criterios que materializados en la jurisprudencia, pueden sentar las bases para un cambio de rumbo en la idiosincrasia de los pueblos y ponen fin de forma transversal al ciclo impositivo en el que hasta ahora, cada género ha defendido su postura sin aspiraciones de abrir la interlocución.