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Experiencias digitales: la nueva era en las relaciones públicas

La capacidad de asombro, el poder de auto-regulación y el ingenio creativo van en caída libre.


Por: Iván Pável Vera Román

Hasta hace poco las relaciones públicas constituían uno de los principales asideros de organizaciones diversas al momento de posicionarse en el mercado, fijar la marca, procurar ventajas competitivas y asegurar la preferencia del cliente. Un área transversal en las empresas e instituciones que requiere una alineación constante con los objetivos y una sensibilidad social que se nutre a partir de la comunicación eficaz y las estrategias mercadológicas pertinentes.

Antes de la digitalización de las tecnologías de la información, los procesos en las relaciones públicas registraron pocos cambios. Las negociaciones para lograr presencia en los principales medios de comunicación, así como el tratamiento y el ritmo en los espacios publicitarios, fueron el principal recurso de los departamentos de publirrelacionistas, quienes acudían al boletín, a la rueda, al comunicado y a la conferencia de prensa para acercarse a las entidades públicas y privadas de su interés.

Tal dinámica comenzó a volverse obsoleta frente a las nuevas necesidades que cada sector involucrado, desarrollaba en medio de la era digital y las sociedades de la información. De pronto, la velocidad de transmisión, el incremento en el volumen de datos y las posibilidades de compartir vínculos y aplicaciones con mayor apego a la realidad, modificaron las tendencias en el consumo de contenidos, propiciando que el periodista y la organización, cabildearan a partir de nuevas fórmulas respaldadas por la inmediatez y el manejo de elementos audiovisuales. El arte y el talento del experto en relaciones públicas, comenzó a ser prescindible y a representar bajos rendimientos.

De esta manera, la ilusoria percepción de la realidad mediática, comenzó a ser más vívida y sincrónica. Dicho fenómeno viene a marcar pautas novedosas para el posicionamiento institucional y empresarial que exigen un alto nivel de adaptación, uso de recursos on-line, multidisciplinariedad, fusión de técnicas mercadológicas, cercanía social y un manejo eficiente de las redes. Tal dimensión implica ahora, rebasar el esquema tradicional en la transmisión de información. Es necesario además, despertar el interés, estimular la curiosidad, entretener, solucionar y transferir la experiencia que el cliente requiere o aquella que pretende explicitar el visionario.

Entre canales, cuentas, perfiles, blogs, video-blogs, wikis y aplicaciones de mensajería instantánea, resulta inconcebible que la información pierda relevancia y la experiencia artificial adquiera mayor credibilidad. En la vorágine de una crisis de medios y de datos cuyos volúmenes nos rebasan, cuyos absurdos contenidos nos sumergen en la apatía, es necesario tomar conciencia de un quehacer más ético primero, y después, enfrentar los desafíos de la modernidad echando mano de los insumos tecnológicos que convengan para romper con el acartonamiento en la mercadotecnia, el diseño y la publicitación de campañas que tan mal parados dejan a México frente al mundo.

Si bien el impacto comercial es mayor a través de estas vías, también es cierto que las crecientes expectativas de la clientela, su exigencia y consumo, serán exponencialmente más grandes cada vez y no habrá industria, ni mecanismos capaces de responder a tan desmedida sed, situación que de a poco colapsará con el valor intrínseco de la información como mercancía de intercambio, como instrumento de empoderamiento y desarrollo. Por su parte, la capacidad de asombro, el poder de auto-regulación y el ingenio creativo, irán a menos. Ello, terminará por menguar el discernimiento de las masas, de los medios, de la empresa y de la opinión pública sobre los auténticos componentes de la realidad, propiciando que las nuevas formas de construir sociedad sean tan virtuales, tan asombrosas, tan rápidas, virales y distantes, que pronto acabarán superando, lo que verdaderamente “es”.