bañuelos

Juan Bañuelos y su espiga amotinada ya descansan

Diseminó sus poemas por el orbe, hasta lograr convencer a la humanidad de la urgencia de llegar a acuerdos para que exista una Educación Poética para la Vida.


El sur está en mis lágrima
Mientras la lluvia piensa en mis ausentes.

El Instituto Nacional de Bellas Artes lamentó el fallecimiento del poeta chiapaneco, llamando a sus letras “poderosos versos que seguirán haciendo eco”.

A Juan Bañuelos lo caracterizó cierta modestia, como cuando le publicaron su primera antología, cuando dijo: “Es la reunión de toda mi obra, lo bueno y lo malo. ‘para que te juzguen’. Pues sí, porque yo tampoco sé qué es lo bueno y lo malo. No tengo un reflejo preciso. Yo no hago mucho caso a la fama o no fama. Yo estoy atento a si esa poesía es escuchada. ¿Hay algún reflejo? ¿Le gusta a la gente?

Ya nadie falta. Y una voz de invierno
se suspende en el aire como rama:

Sin militancia política, Bañuelos siempre se caracterizó como un ser del lado de los oprimidos, y fue la poesía su única bandera ondeando desde aquellos días de infancia, donde conoció a Jaime Sabines en su natal Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Después tomó clases con Rosario Castellanos y adquirió conocimientos al lado del inamovible José Revueltas. Inclusive recordó aquellos días de pobreza en la capital del país, donde asistió como último recurso al comedor público “Abelardo Rodríguez” cuando no tuvo qué comer.

Juan Bañuelos estudió en la Facultad de Derecho en la UNAM, fue fundador del Ateneo de Chiapas y de la Espiga Amotinada. Su obra prolifera en publicaciones de gran prestigio, como Revista Mexicana de Literatura, Estaciones, México en la Cultura, Tri-Quarterly y Poetmeat.

Por su capacidad de trascender, el trabajo de Bañuelos fue traducido al alemán, checo, rumano, polaco, sueco, búlgaro, noruego, y francés, por mencionar algunos idiomas. Recibió diversos premios, entre ellos el Premio Nacional de Poesía de Aguascalientes y el Premio Nacional “Carlos Pellicer”.

Tu cintura es la boca de un reloj
en el fondo del agua.

A su muerte, Francisco Álvarez Quiñones habló del poeta: “No descansará. No es su cultura, y en este mismo poema lo declara: celebrará y danzará sobre el abismo, bajo la númida capa de lo eterno. Continuará insistiendo, ya como Totil Me’il, tomando su lugar en el Volcán Huitepec Tzununwitz, “Montaña de los Colibríes”, y diseminando sus poemas por el orbe, hasta lograr convencer a la humanidad de la urgencia de llegar a acuerdos para que exista una Educación Poética para la Vida , capaz de providenciar a la actual y a las próximas generaciones la utopía realizable: el Lekil Kuxlejal: la Calidad de Vida con Justicia, Dignidad, Formación integral para un futuro idóneo y feliz para la actual humanidad y las generaciones venideras, en armonía con Nuestra Madre Tierra y el poder dual de Nuestra Madre-Padre Naturaleza…”.

No te detengas en el Puerto
Cuando silben los barcos.

El que zarpa es el tiempo.

Por: Luz del Alba Belasko.